Sencilla, espontánea, con un gran sentido del humor, enamoradiza. Así es Pilar Lacalle (36). Proveniente de una familia de gran tradición política en nuestro país, es hija del ex presidente de la República, Luis Alberto Lacalle, y bisnieta del caudillo del Partido Nacional, Luis Alberto de Herrera. Abogada de formación, realizó un Master en Relaciones Internacionales en EEUU, trabajó en el BID, participó de un programa político para la CNN en español y hasta se metió en las minas de cobre en Chile, donde hacía consultorías y estudios de impacto ambiental. La familia en la que nació y de la
cual se siente muy orgullosa, le permitió conocer a grandes figuras como el Papa Juan Pablo II, y hasta casarse en Madrid con un príncipe serbio. Hoy, Pilar está de nuevo en su casa, en su país y sus metas son bien claras: promocionar los vinos uruguayos en el exterior y apoyar emocionalmente a su papá, a quien admira por su fortaleza y coherencia. Aparte de eso, sus valores y sueños siguen intactos, “formar una familia, es que en el fondo todos los seres humanos buscamos lo mismo: ser felices”, confiesa.
—¿Cómo surge la pasión por los vinos?
—El vino es algo que siempre me gustó de manera amateur, luego me surgió la posibilidad de trabajar con Stagnari como gerenta de exportaciones, y desde ahí me interesé más seriamente en el tema. Es maravilloso, aprendés de culturas, de gente. Me encantó conocer las bodegas uruguayas, empresas familiares que tienen toda una tradición y para quienes el vino es una forma de vida. Hoy tengo una empresa que promociona los vinos uruguayos en el exterior. En Brasil, por ejemplo, hay una moda ahora
con los vinos y ahí hay un mercado interesantísimo.
—De hecho logró presentar los vinos uruguayos en varios eventos en San Pablo…
—Sí, el último fue uno privado con 400 invitados, una subasta de caballos lusitanos. Surgió de casualidad, un amigo del colegio me pasó el contacto de una criadora de caballos, la llamé y accedió a presentar allí los vinos. En marzo de 2009 me invitó a hacer el mismo evento en Miami. Disfruto mucho porque es un trabajo para nada rutinario.
—¿Qué dicen los brasileros de nuestros vinos?
—Les encantan. En las degustaciones que hicimos, quedaron sorprendidos con los sabores.
—Uno imagina que las charlas familiares deben rondar siempre alrededor de la política…
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