Baila con la cara, el cuerpo y el corazón. En las Llamadas de 2004 fue su primera aparición como vedette de “La Generación Lubola”, y de ahí en adelante le quitó el sueño a todo el que la vio. Berta Slepovich (26) es considerada por la opinión pública la revelación del carnaval uruguayo. Oriunda de Maldonado, es una vedette atípica que cuando suenan los tambores deja que su torneado cuerpo seduzca y deslumbre, pero cuando las lonjas se calman, la voluptuosa bailarina cambia las plumas por la túnica blanca. Es que Berta es maestra y la mayor parte de su tiempo lo vive como una mujer normal que poco tiene que ver con la diva que hipnotizó en la calle Isla de Flores. 2009
es el último año que prestigiará el popular encuentro, ya que tomó la decisión de “colgar las plumas”, luego de haber sido elegida en 2006 “Mejor Vedette en las Llamadas del interior”, donde su comparsa compite todos los años para ganar un lugar en las Llamadas capitalinas. Luego de un intenso febrero, Berta descansó en el refinado Hotel Barradas de Punta del Este, y deseosa de paz y armonía, aprovechó las mañanas de ocio, antes de comenzar el nuevo año escolar, para disfrutar de buena lectura en una confortable suite. Allí se deleitó con completos desayunos, y en la tarde, después de nadar en la piscina principal y relajarse en la piscina climatizada, degustó los clásicos tés del prestigioso hotel.
—¿Cómo conviven en una misma mujer dos actividades tan distintas como la de vedette y maestra?
—Para mí ser vedette es como un juego, mi profesión y mi verdadera vocación es la de maestra. Cuando bailo me transformo, juego a ser vedette y disfruto de mi personaje.
—¿Cómo reaccionan sus alumnos y los padres de éstos cuando la ven en el rol de vedette?
—Reaccionan muy bien, es muy gratificante ver que toda la familia va a ver y a alentar a la comparsa. En el desfile de Gorlero siempre me encuentro con toda mi gente y me devuelven mucho cariño. Me gusta la repercusión que tiene en los niños, el alcance
que lográs con la gente. El rol de vedette no interfiere con mi profesión porque en el día a día no soy la mujer que baila casi desnuda.
—Fuera de su rol de vedette ¿tiene algo de diva?
—¡No, para nada! De hecho a mucha gente le pasa que cuando me ven por la calle no pueden creer que sea la vedette de “La Generación Lubola”.
—¿Se siente la vedette revelación del Carnaval?
—No creo que sea la revelación, pero sí sentí este año que hubo un imparcto importante en la gente y en los medios.
—¿Por qué cree que en las Llamadas de Montevideo no la eligieron Mejor Vedette?
—Tal vez sea porque no soy el prototipo de la vedette tradicional de Carnaval, pero aunque no gané la mención me pasaron cosas que me llenan de orgullo. Mucha gente del medio me felicitó y me dijeron que mi trabajo era muy bueno. Nacho Cardozo, quien fue jurado, me confesó que aunque no pudo influir en el resto para nombrarme Mejor Vedette, quiso distinguirme con un regalo y me obsequió unas plumas y unos
bordados, algo simbólico por lo cual estoy muy agradecida.
—¿Se cuida mucho para llegar espléndida al Carnaval?
—Me cuido pero no todo lo que quisiera. Entreno con mi hermano, Sebastián, que es licenciado en Educación Física, me marca las rutinas y me incentiva. Disfruto del ejercicio. A mi novio, Mariano, también le gusta, y unos meses antes del Carnaval entrenamos juntos.
—¿Tiene cirugías?
—No.
—¿Baila con o sin medias?
—Sin medias.
—¿Cómo vive su pareja la exposición?
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